lunes, 30 de abril de 2012

Odio el hecho de asesinar a alguien y que se lo tome de manera personal.



El primero fue muy difícil porque estaba de rodillas, rogando, llorando. Pero si no lo mataba, otro me mataba a mí.
La segunda vez, resultó un poco más fácil. Es como dicen por ahí: si matás una vez, matás muchas veces. Hay que ir perdiendo el miedo.
Después de hacerlo, una se queda temblando. No puedes comer, ni dormir, ni hablar con nadie. Te encerarás contigo misma. Pero con el tiempo te olvidas.

Depredadores del ciclista

De antemano Gracias.

La medida de la depresión.

domingo, 29 de abril de 2012

El arte es un arma cargada de futuro.



Nosotros intentamos cambiar el mundo y, desde luego, no lo conseguimos. Ahora, lo que intento, es que el mundo no me cambie ami.

Cambiar este puto mundo.



-¿Sabe por qué quiero hacer teatro?
-
Se lo voy a decir. Quiero hacer teatro porque quiero hacer algo por mí y por los demás. Quiero hacer teatro porque creo que sirve para comunicarse entre los seres humanos, porque creo que puede ser un camino hacia el entendimiento y hacia la comprensión. Por eso.

-Así que quieres cambiar el mundo...

-Pues sí, me encantaría cambiar este puto mundo. Y creo que todavía se puede cambiar.

Cortometraje



"A lo largo del tiempo, he descubierto que solo existe ese gozo infinito cuando estoy junto a ti.. cuando la comprensión, la amistad y el amor fueron todo para mí.. hoy, al cerrar los ojos y tratar de reconstruir esa ultima bajada de mi memoria, me ha pesado el silencio de este sentimiento.. y a pesar de que la vida quiso caminos distintos para ambos, te lo diré"
<3
Dado un segmento, ¿dónde debe hacerse una división tal que la longitud de ese segmento sea a la parte mayor, como la parte mayor a la parte menor?


Sonrío en paz, abro la boca, hago chocar los dientes y muerdo suavemente la noche. Todo es inútil y hay que tener por lo menos el valor de no usar pretextos. Me hubiera gustado clavar la noche en el papel como a una gran mariposa nocturna. Pero, en cambio, fue ella la que me alzó entre sus aguas como el cuerpo lívido de un muerto y me arrastra, inexorable, entre fríos y vagas espumas, noche abajo.

Recomendaciones para tardes de cine en Abril: Pina.


Pina Bausch Bailarina, coreógrafa y directora de ballet alemana, está considerada como la creadora del teatro-danza en su país. Sus coreografías retratan al ser humano con todos sus defectos y virtudes, y confiesa no sentirse interesada por el movimiento de las personas sino por lo que las mueve. Comenzó sus estudios en 1955 en la Folkwangschule de Essen, donde fue alumna de de Kurt Joos y Sigurd Leeder. Tras el examen de graduación en 1959 obtuvo una beca para ampliar estudios en la Juilliard School of Music de Nueva York. Bailó en las compañías de Paul Sanasardo y Donya Feuer, Paul Taylor, con quien estrenó el Ballet Tablet (1961), el New American Ballet y el Metropolitan Opera Ballet. Pina Bausch hoy se encuentra retirada de la danza activa, salvo excepciones como su participación con el cineasta Almodóvar en la película Hable con ella.


Textos I.

La enfermedad es un peaje amargo, una alcabala, tan 
caprichosa, capaz de convertir a la muerte en el objeto 
de todos los últimos deseos.

Rarenserias.

50 Unexplainable Black & White Photos: Pics, Videos, Links, News
Todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad.

Under the Mushroom / WonderfullyStrange

Roosters murderers.



Tardes de Autopsia.





Tengo a la muerte frente a mis ojos. Mi presencia en esta sala lo confirma. Es como si la invocara, pero en realidad todas las mañanas la encuentro allí, esperándome. Mi trabajo  el dia de hoy es interrogar a los muertos. Para eso me puse este par de guantes, el gorro de cirujano y la mascarilla hace unos minutos. A las 8 de la mañana , tres cuerpos esperan turno dentro de bolsas negras. Dos hombres adultos y un bebé.
Hoy es dia de acompañar , médico forense. A menudo  preguntan si este oficio provoca cierta adaptación a la muerte  puede que sí, pero que uno jamás pierde la sensibilidad. No voy a mentir: cuando vi en la mesa a un bebé, como ahora, de repente todo es menos fácil y la mano tiembla antes de agarrar el bisturí. Ella es Blanca, el cuerpo número 985 del año, y estoy a punto de participar en su  autopsia, mi primera vez . Ingresó anoche. Se cayó. Tenía un año con cuatro meses.

El cuarto no es agradable a la vista. Mucho menos al olfato. El olor es fuerte, una mezcla entre sangre, formol y carne descompuesta que hace inútil la mascarilla de protección. Este debe ser el olor a muerte. Las paredes son entre amarillentas y oscuras. Nadie llega aquí por equivocación. No es muy grande. Solo lo suficiente para que en su interior permanezcan tres camillas largas o bandejas de metal dispuestas para ser ocupadas por cuerpos inertes. El trabajo de cada día. Encima de una yace Blanca. Hasta hace doce horas todavía estaba viva. Ahora, este diminuto cuerpo moreno que hizo titubear a Alfredo, el forense de turno que accedió a participar en esta historia, presenta ya los primeros signos de rigidez.
Alrededor suyo, más muerte: un hombre todavía embolsado, con la etiqueta de “no identificado” sobre uno de sus pies. De él lo único que saben los forenses antes de abrir la bolsa es lo que dice su breve historial: muerte violenta por arma de fuego. Otra más. Es el cuerpo número 986.
Más al fondo, otro hombre, joven. Lo trajeron desde Tlajomulco dice. Ahorcado. El tercer cadáver en la sala, el 987. Su historial indica un suicidio, pero aún es prematuro de confirmar. Lleva en Medicina Legal desde las 5 de la tarde del día anterior. Pero ayer fue lunes y la sala estaba saturada. Lo dejaron para hoy en la mañana, junto a la niña y al que está en la bolsa plástica, del que más adelante se supondrá era miembro de pandillas. De los dos hombres adultos se ocuparán esta mañana una doctora y dos auxiliares de autopsia.
Alfredo tiene el bisturí en la mano. Sus lentes lucen un tanto caídos, pero prefiere no tocar nada, no acomodárselos hasta que todo termine. Primero retira el pamper sucio con el que venía. Observa el cadáver de Blanca en búsqueda de señales, cualquiera, hasta lo más mínimo que le ayude a precisar una causa de muerte. Le sostiene la cabeza, pequeña, pelona, y cuenta lo que ve: la única señal física es una sutura en la parte posterior de la cabeza, como una X. Un intento –en vano– del hospital por salvarle la vida. Tras la primera inspección, su deber como forense es anotarlo todo. No puede escaparse nada, sobre todo cuando se trata de un niño, asegura.
Esto que ahora hace, vuelve a decir, es difícil. “Los niños siempre son víctimas.” Pero su deber es buscar la verdad, o indicios de esta: “Vamos a ver que el cuerpo de esta niña nos cuente qué le pasó”.
Blanca se cayó. Tiene un golpe en la cabeza y creen que esa fue la causa de su muerte. El historial médico es escueto y solo registra este dato. Pero no se necesita la autopsia solo para confirmar lo que ocasionó su muerte. Cumple también con otro requerimiento obligatorio: sus restos serán inhumados en el extranjero y para sacarlos del país necesitan del procedimiento. La familia es de Estados Unidos. Y eso es todo lo que el forense sabe sobre ella hasta ahora.
La rigidez cadavérica comienza a manifestarse en esas cortas extremidades de niña. El forense aún puede moverle la cabeza con relativa facilidad. Más tarde explicará cómo funciona el mecanismo de la muerte en un cuerpo: a las 24 horas, presenta una rigidez total, tieso como un palo. Y a las 36, recupera de nuevo la flacidez.
Ahora, comienza con el cráneo. Son las 8:30 de la mañana. Con la destreza de un cirujano, Alfredo hace una rápida incisión que atraviesa el cuero cabelludo hasta levantarlo, como quien pela la cáscara de una fruta. En adelante, no se verá nada bonito, comenta. “No es que seamos excepcionales, pero no es un trabajo para cualquiera.”
La delicadeza no es algo propio de este oficio. Para abrir el cráneo, Alfredo toma una pequeña sierra eléctrica. El sonido penetrante del instrumento lo invade todo. En este momento, lo mejor para la mente es tratar de imaginar que está perforando un pedazo de tabla, o de lo que sea, y no un cráneo humano. El de una niña.
Enfrente, el hombre joven, ahorcado, ya está desnudo. Su piel luce amarillenta. La camiseta roja y los pantalones azul negro que traía están en el suelo, junto a unos zapatos tierrosos. Todavía tiene los ojos entreabiertos, en dirección al techo. El auxiliar de autopsia acaba de terminar con el cráneo y la colega que entró con Alfredo a la sala no encontró lesiones en el cerebro. Es hora de pasar revista a los órganos internos. Con un corte en Y, el auxiliar abre la caja torácica y el abdomen. La patóloga supervisa y anota.
El cuadro no es fácil de contemplar. Pero los forenses, como expertos de esta rutina, meten la mano, revuelven y sacan, sacan, sacan. Las vísceras expuestas y el sonido de las costillas quebradas con tenazas no son escenas tan diferentes a lo que se ve en series de televisión, solo que sin las amplias instalaciones, el ejército de especialistas, obsesiva pulcritud o recursos sofisticados. Alfredo se dice aficionado de estas series. Sin mucho pensar, dice que le gustaría trabajar en uno de esos lugares con mejores condiciones, en donde “uno solo pide y le dan las cosas rápido”.
No es difícil creerle cuando, a sus espaldas, el angosto cuarto frío de Medicina Legal luce copado. Solo tiene capacidad para ocho cuerpos embolsados y repartidos en dos estantes. Aquí mantienen a los que nadie reclama, a los olvidados o a los que llegan demasiado desbaratados y rotos como para identificarlos sin un examen de ADN. También debe haber cupo para almacenar temporalmente los cuerpos que vienen a parar aquí el fin de semana, cuando no se hacen autopsias. Cuando la amalgama de factores se junta, es inevitable que haya cuerpos en el suelo, donde el riesgo de contaminación es mayor.
—Esto no es CSI, es México –se apresura a comentar, entre resignado y jocoso. A veces, dice, el humor suele ser un escudo emocional necesario.

En Blanca el examen avanza a sus órganos internos. Los extrae. Es entonces cuando Alfredo encuentra algo que no es normal: una masa de sangre coagulada entre el hígado y el intestino. Un golpe interno. Hemorragia masiva. De pronto, a la historia clínica de Blanca le faltan piezas. Para Alfredo, la verdadera causa de muerte ha tomado otro giro: “Puede ser que cuando se cayó también se golpeó el estómago con una mesa u otra superficie. O que alguien la haya golpeado”.
Alfredo toma fotos. Coloca una viñeta con unos números en la cavidad abdominal y toma más fotos que serán su evidencia. Acto seguido, llama a su colega, la doctora Martínez, quien hace unos minutos había pedido a uno de los auxiliares desembolsar al hombre no identificado.
—¡Ah! ¡Si es grande! –dice mesurada la doctora, con la convicción de alguien que con 15 años de experiencia ha visto eso y más.
Alfredo le entrega la cámara a su colega. Se pone un tercer par de guantes para seguir con el procedimiento. En una autopsia puede ocupar entre tres y cuatro. Hoy lleva puestos unos talla 7. Sin embargo, aclara que hay veces en las que le toca usar aquellos que estén disponibles. No importa que sean una o dos tallas menos.
Los forenses devuelven a un cadáver lo que le extraen. Por eso ahora Alfredo sutura el tórax y el abdomen con una aguja especial e hilo de cáñamo de unos 15 centímetros de largo. La costura asemeja una trenza que recorre el pequeño cuerpo desde el pecho. Muchas veces, como hoy, le toca rellenar con papel el interior del cráneo para devolverle su redondez y dejarlo sin hendiduras. Blanca vuelve a tener rostro.

El fin de semana que antecedió a la autopsia de Blanca fue uno de los más violentos en l ciudad. Murieron 26 personas. Veintiséis. Por eso no resultó atípica la advertencia que al otro lado del teléfono hizo Alfredo a la mañana siguiente, cuando el trabajo le obligó a posponer la primera entrevista para esta historia: “Hoy amanecieron doce”. El sábado llevaron a cuatro y el domingo, ocho.
Es por eso que los lunes son atareados aquí. Y en México, últimamente se a vuelto  el país más violento de América Latina, trabajo es lo que más le sobra a un forense. En este país que de enero a junio ha arrojado 2,034 homicidios, según la Policía.
Las cifras abonan a esta profesión. Los primeros 21 días de junio daban cuenta de 256 personas asesinadas. Las muertes diarias deciudadanos llegan a 12, según Medicina Legal, mientras que la Policía dice que son 13. Casi nunca concuerdan.
Lo que es un hecho es que el hombre no identificado recién sacado de la bolsa cumple con las estadísticas. Víctima de la violencia. Más del 80% de los fallecidos son hombres. Unos 570 homicidios tuvieron lugar en la vía pública y la mayoría fueron cometidos con un arma de fuego.
Una vez extendido en la bandeja de metal, los auxiliares de autopsia le levantan el brazo izquierdo y notan el orificio que dejó el proyectil de bala. Uno bastó. Entró por el brazo, un poco abajo del hombro, y destrozó órganos vitales. Lo abren. Hígado, riñones y páncreas lucen intactos. Lo siguiente que notan es una serie de tatuajes en una pierna. Uno aún revela números y letras representativos de una pandilla. Y eso es lo único que intuirán los forenses sobre su identidad. Al final del día, el cuerpo regresará al cuarto frío como uno más sin nombre. La autopsia concluye.
El auxiliar le ha vuelto a coser todo menos la cabeza: se le quebró la aguja para suturar. Alfredo no puede darle una. No están a la mano y deberá esperar a que un supervisor vaya al depósito de insumos y la traiga. Mientras, el hombre, el caso número 987, también deberá esperar ahí tumbado en la bandeja un rato más, con el cráneo abierto.

Diez de la mañana. La autopsia de Blanca ha terminado. Causa de muerte: politraumatismo, hemorragia cerebral y hemorragia en cavidades abdominales. Eso escribe Alfredo en el reporte forense.
Al salir de la sala de autopsias se respira con normalidad otra vez.
Alfredo desecha el traje quirúrgico y los botines de plástico que utilizó. Se enfunda en una bata de un blanco inmaculado con su nombre bordado al lazo izquierdo del pecho. No se le nota cansado. Atraviesa un pasillo de puertas entreabiertas y se adentra en una oficina. Sobre una mesa hay un microondas —que sirve a los médicos para calentar el almuerzo—, una cafetera y una silla de escritorio maltrecha color café. Alfredo se sienta detrás de un escritorio y levanta el teléfono. Hace lo que siente debe hacer. Marca un número y una mujer le atiende.
—Buenos días, quisiera hablar con la fiscal del caso de…
—…
—Sí, buenas, señorita le habla el doctor Alfredo Romero, del área de patología forense del Instituto de Medicina Legal. Es con respecto al caso que tienen ustedes de la niña Blanca. Acabo de terminarle la autopsia y encontré algo que llamó mi atención…
—…
—Ajá. No tiene ninguna señal en la piel del abdomen, pero adentro hay una hemorragia grande. Ante la sospecha de que pueda tratarse de maltrato infantil, yo lo estoy notificando para ver qué más se puede investigar. Fíjese que la historia clínica solo dice que ingresó por una caída de un metro de altura.
—…
—Ok, a la orden. Hasta luego. Sí, Alfredo Romero es mi nombre.
Cuelga y lo hace con serenidad. Está satisfecho. Llamó porque según sus cuentas el expediente del caso tardará al menos 10 días en estar completo. El tiempo, dice, es algo que juega en contra de un forense. Dice que una llamada ahora podría marcar la diferencia entre investigar una historia de maltrato o una simple caída.
Alfredo está de guardia en el área de patología cuando se realiza esta entrevista y hay que interrumpir cada vez que suena el teléfono o cuando algún trabajador abre la puerta y se asoma con una duda en el rostro.
—Disculpe doctor, tiene el reporte de…
—Sí, ya le digo… Mire, mire, y ¿no ha llegado otro?
La eterna inquietud de un forense.

Cuando Alfredo Romero llegó al equipo de patología de Medicina Legal, en 1994, era un novato en esto de la medicina forense. Hoy lleva poco más de quince años de experiencias en un ambiente lúgubre, entre cuerpos inertes y penetrante olor a formalina. En el año 2000, con una beca, obtuvo su especialización como forense en México y luego de tres años regresó a ocupar su misma plaza. Investigar. Exigirse. Ahí, dice, está la clave.
Pero al principio no tenía claro que esto de interrogar a los muertos sería su camino. Es más, hablar de la razón que lo llevó a escoger esta profesión pasa necesariamente por hablar de por qué no quería hacerlo.
—Yo estaba muy bien en el hospital de La raza como médico general. Vine aquí sin conocer de medicina forense. Todo comenzó aquel día: veníamos de un adiestramiento con las enfermeras y yo como jefe de residentes en un microbús. A un lado de la carretera venía una señora con su niño, eran cortadores de café. Un carro se los pasó llevando. Al niño no le pasó nada, pero a la señora la destruyó por completo, le pasó encima. Nos bajamos con las enfermeras para dar asistencia. Dimos aviso al puesto de la Policía  y notificamos el hecho. Aquello me impactó demasiado, el niño llorando, la mamá destruida. Yo dije: “Esto no es para mí, no puedo ser forense”. Pero parece que escupí para arriba y me cayó en la cara.
Luego le tocó su primera autopsia. Un hombre atropellado. Con los años llegarían los casos “especiales”. Como en 2004, cuando practicó autopsia en Matthew Knight, hijo del fundador de la empresa deportiva Nike, quien murió ahogado cuando buceaba en el lago de Ilopango. En esos casos, dice, preferiría no involucrarse.
—Me llamaba incluso un delegado de la embajada de Estados Unidos preguntándome por cosas a las que no tenía acceso. Yo le decía que solo podía responderle por la autopsia. Nada más.
Alfredo es reservado. Y esta característica no es exclusiva en su forma de trabajar. Con su esposa, quien también es médico forense en otra dependencia, han pactado que lo laboral se queda en la oficina. Ninguno habla de los casos que atendieron ni de a qué personaje tuvieron ese día en mesa de autopsias.
—Mi hijo de 13 años sabe lo que hago. No lo quiere hacer él. Dice que quiere ser doctor algún día, pero doctor de vivos, no de muertos.

En el área de patología de Medicina Legal laboran 14 médicos forenses. Un grupo de seis, entre ellos Alfredo y su colega de esta mañana, trabajan exclusivamente en sala de autopsias. Los ocho restantes, además de practicar autopsias durante el día, también laboran para el área de clínica por las noches: reconocimiento de cadáveres en la escena del crimen y traslado a la morgue. Alfredo dice, y no duda, sentirse bien en su posición. No le gustaría salir a la calle a levantar cadáveres. Dice, y tampoco tiene duda, que las autopsias son ahora su especialidad.
Este forense está convencido de que la perfección es lo mínimo que debe exigirse en el oficio. Incluso cuando se trata de autorizar a alguien que dice ser familiar para que identifique un cuerpo. Desde su oficina, no se cansa de repetir que esto no es un circo, ni mucho menos, como para que esas bolsas negras se abran ante a los ojos de cualquiera.
Acto seguido, recuerda algunas desventuras de la profesión. Como la ocasión en la que a unos colegas les robaron el vehículo del instituto calle al volcán con todo y fallecido. “Los delincuentes ni se fijaron y más adelante dejaron abandonado el pick up. ¡Vaya sorpresa la que se llevaron!”
Otro colega entra a la oficina y se incorpora a la plática. Responde como experto a la inquietud de por qué en el instituto el horario de autopsias termina a las 8 de la noche.
—En los hospitales se trabaja las 24 horas porque la gente está alerta todo el tiempo, por la misma adrenalina, pero aquí ¿para qué va a estar alerta uno? La persona ya está muerta.
En la sala, la doctora Martínez ha concluido la autopsia del hombre joven. Ahorcado. “Suicidio”, le añadirá al reporte. Sale del cuarto y se lleva consigo el pedazo de lazo azul que traía enrollado en el cuello. Es el último de los tres. El reloj marca las 11 de la mañana. Termina una jornada más en la sala de autopsias de Medicina Legal.

Del caso de Blanca lo último que supe fue lo que su padre me dijo mirándome a los ojos ese mismo día. Han pasado tres días desde que ese hombre, de hablar y vestimenta humilde, me juró que estaba tan sorprendido como yo por el golpe que había encontrado. Alfredo le  dijo serenamente  como médico, su deber era informarlo a la autoridad. Que esta entrevista no formaba parte del proceso, pero que quería decírselo. Ese mismo día se llevaron el cuerpo de Blanca. Aquella fiscal a la que se lo contó todo no  ha preguntado más.
Hoy, viernes, amanecieron cinco cuerpos. Son las 8 de la mañana y Alfredo prepara café negro, le tocará examinar a tres. Dos hombres y una mujer. El día apenas comienza.


The Nervo Twins London, Un.


Bio:
They sing; they make people dance; they were born outstandingly beautiful, they are future fashion icons. They are on the lips of everyone who knows. So who exactly are NERVO?? NERVO are Mim and Liv Nervo. Twin sisters; soulmates and soon to be superstars. They emerged as hit songwriters; Kesha to Kylie; Guetta & Rowland; Pussycat Dolls and more. They've remixed Katy Perry, 30 Seconds to Mars, Cobra Starship, and have topped club charts worldwide.

Since landing a deal with Virgin America/Astralwerks as artists, they have been working on their debut album - where they not only write and produce but will step into the spotlight and perform. They are also fast emerging as the most sought-after DJ duo in dance music. A feisty tag-team, best known so far for their songwriting collaboration with David Guetta on his Grammy winning smash hit "When Love Takes Over" (performed by Kelly Rowland) - but not for much longer.
NERVO are quickly becoming a force to be reckoned with on the club scene worldwide and are due to launch their first artist EP imminently. With William Morris Entertainment as their agency, these London based globe-trotting Australian-born twins are making serious waves on both shores of the Atlantic with their infectious blend of chunky, sexed-up electro-house. They embarked on their second bus-tour of USA late June - supporting Britney Spears and Nicki Minaj on the Femme Fatale arena shows, launched a Las Vegas residency with the Wynn Group and will join the uber-cool Identity festival tour, with the hottest talent on the electronic scene.

In counter-contrast with their feminine image - NERVO's style is bold and sassy, with in-your-face beats that beckon a dance floor to its knees. The sound is loud, dirty and irresistible, and has won them respect from the most serious music lovers around the world. They rocked Lollapalooza, Tokyo, and Sydney, opened for will.i.am in Ibiza, and dropped in on Richard Branson at Necker Island in the Caribbean for a Halloween party with the Victoria Secrets models.

Make NERVO part of your summer. In the words of their recent club chart topper, we think you'll find them 'Irresistible'.



jueves, 26 de abril de 2012


Abro los ojos y la oigo.
¿O me despertó su placer?
Trato de escuchar.
Y después de ese grito, silencio.                            
El ruido del agua
contra el piso de la
bañadera.


Y el
cuadro
que gime
hiperrealista...

Y pues así le dije...


Si hubiera habido un hombre que se atreviese a decir todo lo que pensaba de este mundo, no le habría quedado un metro de suelo donde apoyar los pies.

Escritora fallida.

A punto de colgarme de una viga del techo, me dispone a redactar unas líneas de despedida, tomo un lápiz y escribo la consabida frase de que no se culpe a nadie de mi muerte.

Hasta ahí va bien la cosa, pero decido  añadir unas líneas para pedir disculpas a mis seres queridos y, en vez de redactar, me pongo a escribir.

Dos horas después me encuentro sentada a la mesa, la soga olvidada sobre una silla, tachando adjetivos y corrigiendo una y otra vez la misma frase para dar con el tono justo. Cuando termino me siento agotada, tengo hambre y lo que menos quiero es suicidarme.

El estilo te salva la vida, pero quizá fue por el estilo que quise acabar con ella; tal vez uno de los resortes de mi gesto fue la convicción de ser una escritora fantasma, fallido y tal vez lo sea, como lo son todos aquellos que pretenden escribir el justificante perfecto, que son los únicos que vale la pena leer.
Un escritor es algo extraño.
Es una contradicción y también un sin sentido.
Escribir es también no hablar.
Es callarse.
Es aullar sin ruido.

Sueño intranquilo y ruidoso

Había momentos en que el propio pasado te volvía, como a veces cuando uno no tiene ni un momento para sí; pero volvía en forma de un sueño intranquilo y ruidoso, recordado con asombro en medio de las realidades abrumadoras de ese extraño mundo de plantas, y agua, y silencio.

La palabra recientemente se ha transformado desde que te te fuiste. Hoy no tengo ganas de escribir sobre cuánto tiempo hace ya de eso, si espoco si es mucho. La palabra recientemente ahora abarca todo ese tiempo. Antes significaba unas semanas o antes de ayer.Recientemente, tuve un sueño.

En el sueño había una carretera, una carretera peligrosa, llena de asechanzas. Era una carretera polvorienta, sin asfaltar y con unas rodadas muy, muy profundas. Muchos habían perdido la vida o habían caído heridos en ella en diferentes momentos. Esto lo sabía en el sueño: estaba escrito de algún modo en su superficie. Iba caminando por esa carretera, y llevaba el corazón roto, pero no tenía miedo. Tal vez fuera la carretera de nuestros refugiados. Esto lo pienso ahora, porque en los sueños suceden estas cosas, pero cuando estaba en el sueño no lo pensaba. Sólo caminaba, y en un momento determinado apareció a mi derecha una formación rocosa, alta como la pared de una habitación. Me detuve y, no sin cierta dificultad, la escalé. ¿Y qué vi desde ahí arriba? No sé qué palabras usar. Las palabras nunca vienen en tu ayuda. Pero entre las palabras inútiles verás lo que vi. Varios montones de ciruelas, pilas, rimeros, cargamentos de ciruelas azules cubiertos de escarcha. Y dos cosas me sorprendieron. En primer lugar, su tamaño: con cada uno de los montones se podría haber llenado un tren de mercancías de cuarenta vagones. No eran muy altos, pero sí muy anchos y muy largos. Y en segundo lugar, me sorprendió su color. Pese a la escarcha, el azul de las ciruelas era incandescente, radiante. No te equivoques: ningún cielo tiene ese azul; era el azul de las pequeñas ciruelas maduras. Y su azul es lo que quiero hacerte llegar esta noche a tus letras,a tus abrazos, en el recuerdo  mientras escribo a oscuras.

Cuando te mata verlos.


El mundo de tus pupilas es, lejano, encantador. Es el universo de mis debilidades...??

Crónicas de historias contadas.

Algo acaba de explotar. El estallido ha dejado un hueco en el piso y ha repercutido en el estómago de todos. Unos encapuchados entran y aprietan con sus manos las culatas y los gatillos de las ametralladoras. Son manos que actúan de manera automática. Disparan a todos lados. Las balas perforan paredes, rompen vidrios y lámparas, un cuerpo humano.
Y esos que disparan, ¿son dos, tres? ¿Quizá hay más? ¿Otros allá afuera?…
¿Es posible? Sentir de repente una bofetada de pavor ante el estruendoso eco de los disparos. ¿Eco? No, es la siguiente ráfaga.
Miedo. Silencio. Un silencio espeso y extraño. La resonancia sorpresiva de lo que acaba se pasar y la incertidumbre de lo que vendrá.
—¡Ora sí se los va a llevar la chingada a todos!
Es ese grito y más ráfagas. Y otra granada.
No, esto no es un campo de batalla. Es la redacción de un periódico.
Aquí ya todo es posible.
‎"I recall on the telephone
I recall when you get mad
I still love you to death
I won't ever forget how"




Rip Tide from Spencer Tweedy on Vimeo.

sábado, 21 de abril de 2012


Para Carly


Te amo, 
te amo de una manera inexplicable, 
de una forma inconfesable, 
de un modo contradictorio.


Te amo 
con mis estados de ánimo que son muchos, 
y cambian de humor continuamente. 
por lo que ya sabes, 
el tiempo, la vida, la muerte.


Te amo... 
con el mundo que no entiendo,
con la gente que no comprende,
con la ambivalencia de mi alma, 
con la incoherencia de mis actos, 
con la fatalidad del destino, 
con la conspiración del deseo, 
con la ambigüedad de los hechos.


Aún cuando te dijera que no te amo, te amo, 
hasta cuando estoy en silencio contigo, no te evito, 
en el fondo, llevo a cabo un plan, 
para amarte mejor.


Te amo... 
sin reflexionar, inconscientemente, 
irresponsablemente, espontáneamente, 
involuntariamente, por instinto, 
por impulso, irracionalmente.


En efecto no tengo argumentos lógicos, 
ni siquiera improvisados 
para fundamentar este amor que siento por ti, 
que surgió misteriosamente de la nada, 
que no ha resuelto mágicamente nada, 
y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada 
ha mejorado lo peor de mí.


Te amo,
te amo con un cuerpo que no piensa, 
con un corazón que no razona, 
con una cabeza que no coordina.


Te amo 
incomprensiblemente,
sin preguntarme por qué te amo, 
sin importarme por qué te amo, 
sin cuestionarme por qué te amo.


Te amo 
sencillamente porque te amo, 
yo misma no sé por qué te amo.





After all is said and done i feel the same
All that i hoped would change within me stayed
Like a huddled moon-lit exile on the shore
Warming his hands, a thousand years ago
I walk with others in the yearning to get out
Claw at my skin and gnash their teeth and shout
One of them wants only to be someone you'd admire
One would as soon just throw you on the fire
After all is said and after all is done
God only knows which of them i'll beco

Weird Vintage Photography


Todo el mundo mira cuando caminas en la habitación
Ellos se quedan mirando cuando te vas.
Tu tienes tanto el control
¿Cómo  puede alguien decir  'no'?

Ellos realmente  lo hacen,  por  que estas tu
¿Y por qué ganarías algo?
Ni siquiera te haz perdido de nada.