miércoles, 17 de octubre de 2012

Señales de vida.



¿Para qué dar señales de vida?
Apenas podría enviarte con el mozo
un mensaje en una servilleta.
Aunque no estés aquí.
Aunque estés a años sombra de distancia
te amo de repente
a las tres de la tarde,
la hora en que los locos
sueñan con ser espantapájaros vestidos de marineros
espantando nubes en los trigales.
No sé si recordarte
es un acto de desesperación o elegancia
en un mundo donde al fin
el único sacramento ha llegado a ser el suicidio.
Tal vez habría que cambiar la palanca del cruce
para que se descarrilen los trenes.
Hacer el amor
en el único Hotel del pueblo
para oír rechinar los molinos de agua
e interrumpir la siesta del teniente de carabineros
y del oficial del Registro Civil.
Si caigo preso por ebriedad o toque de queda
hazme serías de sol con mi espejo de mano
frente al cual me empolvo
como mis compañeras de tiempo de Liceo.
Y no te entretengas
en enseñarle palabras feas a los niños.
Enséñales sólo a decir Papá o Centro de Madres.
Acuérdate que estamos en un tiempo donde se habla en voz baja,
y sorber la sopa un día de Banquete de Gala
significa soñar en voz alta.
Qué hermoso es el tiempo de la austeridad.
Las esposas cantan felices
mientras zurcen el terno
único del marido cesante.
Ya nunca más correrá sangre por las calles.
Los roedores están comiendo nuestro queso
en nombre de un futuro
donde todas las cacerolas
estarán rebosantes de sopa,
y los camiones vacilarán bajo el peso del alba.
Aprende a portarte bien
en un país donde la delación será una virtud.
Aprende a viajar en globo
y lanza por la borda todo tu lastre:
Los discos de Joan Baez, Bob Dylan, los Quilapayún,
aprende de memoria los Quincheros y el 7º de Línea.
Olvida las enseñanzas del Nido de Chocolate, Garfield o el Grupo Arica,
quema la autobiografía de Trotsky o la de Freud
o los 20 Poemas de Amor en edición firmada y numerada por el autor.
Acuérdate que  me gustan las artesanías
y dormir en una carpa en la playa.
Y nunca te hubiese querido más
que a los suplementos literarios de los lunes.
Y no sigas pensando en los atardeceres en los bosques.
En mi provincia prohibieron hasta el paso de los gitanos.
Y ahora
voy a pedir otro jarrito de chia con limón 
y tú
mejor enciérrate en el camarote del barco.
Estoy leyendo El Grito de Guerra del Ejército de Salvación.
Dicen que la sífilis de nuevo será incurable
y que nuestros hijos pueden soñar en ser economistas o dictadores.



domingo, 14 de octubre de 2012

Sensibles espontaneos

De todos modos, no creo que se pueda ser un verdadero sensible que desea plasmar lo que siente y ve para revolucionar los momentos si uno no lee, si uno no alimenta su prosa, si no va al cine, si no alimenta su manera de ver el mundo.Ser , ante todo, alguien que tiene una mirada; si no tienes una mirada, no tienes nada. Uno no es espontaneo y sensible por un lado y persona por el otro, uno lleva puesto lo que es todo el tiempo, sobre todo si se desea escribir.

martes, 9 de octubre de 2012

Corto cuento

Berenice reía como una niña mientras Tomás le acariciaba el cabello. A las seis de la mañana escucharon gritos en la calle. Estaban desnudos sobre la cama. Se abrazaron como lo hacían antes de que Berenice fuera internada en la clínica por órdenes de su padre. Los gritos en la calle continuaban. La cena de Navidad había terminado.

domingo, 7 de octubre de 2012

Pág. 33 #Rayuela

"¿Qué es un absoluto, Horacio? - Mira -dijo Oliveira-, viene a ser ese momento en que algo logra su máxima profundidad, su máximo alcance, su máximo sentido, y deja por completo de ser interesante."

lunes, 1 de octubre de 2012

El día que ella se convirtió en novelista y el se inmortalizo en su recuerdo.


Nunca pude evitar quererle desde que le conocí, a pesar de sus intentos por parecer gruñón y por destronar a mis iconos literarios. Le gustaba imitar a Truman Capote y lo hacía muy bien, como todas las cosas. Adoraba a Paul Bowles, “a pesar de su mujer” y le gustaba recordar conmigo la Biblioteca de la Academia Americana en Roma, donde tanto he escrito y donde a él tanto le gustaba escribir.


A veces la gente me preguntaba si el era tan importante como decían; para el mundo de la farándula era un personaje excéntrico más, uno al que amaban. Ell no queria que la Villa Rondinaia se convirtiera en museo o fundación porque prefería tener el dinero “para repartirlo entre sus amigos”. Bebía mucho whisky y apenas comía, a veces parecía alimentarse de frases en latín. Solo se enfadaba cuando Muzius o yo intentábamos consolarle de su invalidez de hombre hermoso en silla de ruedas.

Como considero la bondad una forma de inteligencia, pienso que la bondad de el era la lucidez de su vejez. Quería más a la princesa Margaret , su tetera de porcelana china que a Lilibeth, su amiga, y quería a los clásicos muertos más que a los genios vivos. Con su voz cavernosa de actor que amaba representar a Shakespeare me dijo una vez en el hotel Rufolo: “Los que quieren vivir para siempre merecerían ser convertidos en pirámides”. Los únicos monumentos a los muertos que los dos aprobamos se escriben con palabras. Los escritores queremos vivir para siempre o al menos escribir para siempre, que es otra forma de respirar. Nadie sabe en qué momento se convierte en escritor ni quién será el que pueda armarle caballero de esa orden misteriosa y en los últimos tiempos marginal . Me convertí en novelista la noche en que el me contó quién mató a Kennedy y cómo amaba a Tennessee Williams, pero no me dijo cómo sobrevivir a un mundo en que los dardos de su inteligencia ya no se clavan en el centro de las cosas. Lo único que podemos hacer por los muertos es amarlos o leerlos, que es lo mismo.

Preservar una relación sin ataduras con la literatura.

No quise estudiar Letras porque tenía un miedo, bastante ingenuo, de que una pasión sin compromisos se convirtiera en un matrimonio por conveniencia.